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Prueba de Toyota Hiace Combi DXL 2.5 D-4D © JuanCaraballoFotografo.es

Prueba de Toyota Hiace Combi DXL 2.5 D-4D

Pruebas Escrito por  Lunes, 12 Septiembre 2011 00:00 tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente 0
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Sin llegar al lujo que ofrecen otras marcas, Toyota propone con la Hiace Combi un modelo práctico, con un más que aceptable equipamiento y con amplias posibilidades de adaptación a las diferentes necesidades de uso que se tengan, pues además de poder dar cabida a ocho pasajeros ofrece la opción de plegar la tercera fila de asientos para contar con una mayor espacio para la carga.

Se hace camino al andar

Cada vez son más las personas que se decantan por este tipo de vehículo comercial, generosos a la hora de proponer un espacio interior amplio y cada vez mejor equipados. Ya no son tantos los adeptos a los monovolúmenes al uso, y aunque siguen siendo coches muy del gusto de la clientela, en este caso, española, bien es cierto que la opción de decidirse por una variante combi o mixta dentro del segmento que nos ocupa se está convirtiendo en algo cotidiano.

A su favor, unas mayores posibilidades de uso, pero sobre todo una habitabilidad muy superior a lo que sugieren sus “hermanos” pequeños, tanto para los pasajeros, que disfrutarán de una mayor holgura en el interior, con lo que el “síndrome” del turista rara vez aparece, como para dejar el equipaje o cualquier otro tipo de bulto.

Prueba de Toyota Hiace Combi DXL 2.5 D-4D

Aquí estoy yo

Lógicamente, Toyota no quería quedarse al margen de tan apetitoso pastel y también ha reclamado parte de la jugosa tarta, explicándose así el desembarco en nuestro mercado, que no en otros, pues la Hiace data de nada menos que en los años 50.

Sea como fuere, la firma nipona ha dado un paso adelante y ha decidido entrar por la puerta grande en nuestro país con un vehículo que, en poco tiempo, a buen seguro se convertirá en una seria opción de compra por lo mucho y bueno ofrece.

Sobre todo desde el punto de vista práctico, pues las soluciones que esconde están pensadas para que sus ocupantes, que al fin y al cabo es lo que mueve a desarrollar este tipo de unidades, se sientan cómodos en todo momento y hagan de su viaje un placer y no una tortura.

Una de las grandes diferencias de esta variante combi con respecto a la furgón reside igualmente en el cuidado que se ha puesto en su presentación no ya solo interna, sino también externa, pues estas unidades se sirven con los paragolpes, los espejos retrovisores y los tiradores con el color de la carrocería, dándole así un toque de elegancia extra a todo el conjunto.

Entrando a valorar más en profundidad nuestra unidad de pruebas, y refiriéndonos a la habitabilidad, ésta se hace todavía más indiscutible considerando que la versión ensayada ni siquiera era la de batalla larga, con lo que la longitud total se situaba en apenas los 4,79 metros, cifra nada espectacular para tratarse de un vehículo que incluye tres filas de asientos en su interior.

Esta arreglo dice mucho en favor de la Hiace, pues que ocho pasajeros –en conformación 2+3+3- puedan acomodarse con la suficiencia con la que lo hacen en el modelo japonés –el espacio entre fila y fila es más que suficiente como para mantener las piernas relajadas-, es algo de lo que pocos vehículos pueden presumir.

Tanto las butacas centrales como las posteriores son lo suficientemente amplias como para que nadie tenga que “maldecir” ante el paso de los kilómetros, pues además las plazas están perfectamente concebidas, empezando por su diseño, pasando por su mullido –lo que agradecerán nuestras espaldas- y terminando por la sujeción, sobre todo en relación a los asientos delanteros.

Pero eso no es todo, en tanto que en Toyota han pensado en todos los detalles y, entre otras cosas, la Hiace con el acabado VXL –el máximo posible, opciones aparte- cuenta con salidas de ventilación independientes y regulación de la calefacción para la zona trasera, práctica que se viene repitiendo cada vez más asiduamente en este tipo de vehículos. Además las personas que se sienten detrás de los asientos principales podrán hacer uso de una práctica mesa plegable, ubicada entre las butacas delanteras, con capacidad para cuatro vasos o botellas.

Otras de las sorpresas es el más que digna distancia entre el respaldo de la fila posterior y el portón trasero, pues el más de medio metro de fondo por el metro y medio de ancho que presenta, da lugar a un generoso espacio para dejar maletas. Pero es que además, esta distancia es ampliable a algo más de 1,30 metros si abatimos las plazas traseras –también se puede optar por sólo dos filas-, operación que resulta muy sencilla y se hace en poco menos de medio minuto. En este caso, la capacidad de carga máxima llega hasta los 945 kilos, mientras que el volumen efectivo alcanza los 3,1 m3. Y no digamos si preferimos la arquitectura con la mayor distancia ente ejes –3.430 mm en lugar de 2.985 mm-, pues en ese caso la longitud de la zona de carga si hacemos uso de las ocho plazas es de prácticamente un metro hasta la zaga.

Esto convierte a la Hiace en una unidad ideal para familias numerosas que precisan de un buen espacio interior o para utilizarla como “taxi” para acomodar a grupos de personas que necesitan, por ejemplo, trasladarse desde un aeropuerto al hotel.

En cuanto a la zona delantera, y centrándonos en mayor medida en el conductor, destacar que ofrece una buena visibilidad, ya sea lateral o frontal, pues tanto el volante como el asiento se pueden regular de manera que encontrar la posición ideal no resulta muy complicado. En su debe hay que anotar que el asiento se encuentra demasiado desplazado a la izquierda, hasta el punto de que las personas más o menos corpulentas no tienen apenas maniobrabilidad con su brazo izquierdo, pues topa más de lo deseable con el lateral de la puerta.

Prueba de Toyota Hiace Combi DXL 2.5 D-4D

Sí pero…

Igual de importante que proporcionar un alto de grado de comodidad a todos los ocupantes es regalarles un equipamiento con el que hacer la vida a bordo lo más agradable posible. Y en eso no podemos tener queja de la Hiace,… si hablamos de la dotación de confort, pues en lo que se refiere a los sistemas de seguridad anda un poco escasa.

Y ¿por qué de esta apreciación? Esta claro que un vehículo moderno que se precie, y más de las características del modelo nipón debe, o debería, cuanto menos, ofrecer todos los dispositivos de seguridad, o una gran parte de ellos, que la industria automovilística propone hoy en día. Cierto es que no faltan los airbag frontales, los cinturones con pretensores y tres puntos de anclaje o el ya obligatorio ABS, pero también es verdad que se echan en falta los controles de tracción o estabilidad, que ni siquiera están disponibles como opción.

Otra cosa es hablar de los mecanismos más próximos a facilitar la confortabilidad de los pasajeros. En este sentido, a los ya imprescindibles alzacristales y espejos eléctricos, cierre centralizado con mano a distancia, aire acondicionado y demás mecanismos en lo que todos estamos pensando y que vienen de serie en la Hiace VXL, se pueden sumar accesorios –eso sí, rascándose el bolsillo-, cada vez más habituales, como el sistema manos libres bluetooht, las luces antiniebla, el equipo multimedia con navegador o el sensor de aparcamiento.

 

Cómoda y cumplidora

Ahora bien, estas buenas palabras, no lo serían tanto si nuestro protagonista no fuese capaz de refrendarlas donde verdaderamente tiene que hacerlo, en la carretera. Al fin y al cabo, está concebido precisamente para eso, para ofrecer la mejor calidad de rodadura posible sin que, por otro lado, dé la sensación de andar falto de energía para poder cumplir con su cometido.

Prueba de Toyota Hiace Combi DXL 2.5 D-4D

Como ya dijimos en su momento cuando tuvimos la ocasión de calibrar las aptitudes la la Hiace furgón –los propulsores que montan ambas versiones son idénticos-, la mecánica de 117 CV que ofrece Toyota como tope de gama, sin ser lo mejor que hemos tenido ocasión de probar, no se le puede negar que es, ante todo, cumplidora al máximo. Por lo pronto no pone ningún “pero” ante nuestra solicitud. No obstante, a las poco más de 1.500 vueltas empuja con cierta vehemencia, es decir, desde a muy bajo régimen, particularidad muy destacable si consideramos que lleva ocho personas en su interior con sus respectivos equipajes.

Una vez hemos ganado inercia – el motor va ganando fuerza de un forma muy progresiva- no es difícil mantener un buen ritmo siempre que no le pidamos lo imposible, como circular a altas velocidades con el aforo completo. Eso sí, se puede mantener un ritmo ágil (120 km/h) sin forzar absolutamente la mecánica, pues en este caso la aguja de tacómetro se sitúa en las 3.100 vueltas, quedando margen de maniobra –aunque tampoco en exceso- por si necesitamos algo más de empuje.

Lo mejor de todo ello es que el consumo en estas circunstancias apenas sobrepasa lo 10 litros a los 100 km, lo que tratándose de un vehículo de su tamaño no está nada mal.

Otra cosa es cuando cambiamos de paisaje y nos adentramos en carreteras secundarias o hay que afrontar caminos que “pican” hacia arriba, en donde en determinadas ocasiones tenemos la sensación de perder dinamismo. En cualquier caso, el cambio responde de una manera muy efectiva cuando tenemos que hacer un uso continuado de él, ya que es rápido de reacciones, y las marchas están perfectamente ajustadas, aunque en su defecto hay que apuntar cierta aspereza en los engranajes.

Así y todo, no podemos tener queja del comportamiento de la Hiace, que es bastante noble en la mayoría de las ocasiones, con un perfecto ajuste de los trenes rodantes y un tarado tirando a blando –sobre todo el delantero- que atenúan en alto grado las irregularidades del asfalto. Sin embargo, esta esponjosidad en ocasiones, sobre todo en el momento de afrontar curvas cerradas –en las abiertas el paso es muy firme-, deja una sensación de que nos vamos hacia fuera, lo que se corrige rápidamente gracias a la precisión de un dirección muy acusada.

En definitiva, estamos ante un vehículo que resulta ideal para viajar en familia de una forma cómoda y segura, y con una calidad de rodadura muy a tener en cuenta, con lo que a buen seguro en poco tiempo –los comienzos siempre suelen ser difíciles- se convertirá en una seria opción de compra.

 

La cabina

A pesar de que el aspecto de la versión combi, a simple vista, no varía en absoluto con respecto al que presenta la configuración furgón, existen algunas diferencias entre ambas variantes, sobre todo en lo que se refiere al acabado. En este sentido, se ha puesto especial cuidado en los tapizados y guarnecidos interiores, teniendo en cuenta que se trata de una unidad destinada al transporte de pasajeros y que éstos se merecen contar con un espacio habitable, cuanto menos cómodo y acogedor.

Y aunque se ha puesto especial cuidado en la presentación, el frontal es idéntico a la Hiace dedicada al transporte de mercancías, resultando un tanto sobrio, aunque no por ello deja de ser funcional, pues por lo pronto los diferentes dispositivos y mandos se encuentran muy próximos al conductor, de manera que éste no tiene siquiera que apartar la vista de la carretera para accionar cualquiera de ellos.

 

Los motores

En un principio, Toyota únicamente ofrece dos motores para toda la serie Hiace, partiendo ambos de un único bloque de 2,5 litros de cilindrada de inyección directa common rail.

Así, el propulsor de acceso a la gama entrega una potencia de 95 CV, que alcanza cuando la aguja del cuentavueltas se sitúa las 3.600 rpm, siendo su par máximo en los 230 Nm, a los que se llega a partir de las 1.400 vueltas, desarrollo que mantiene invariable hasta las 2.600 revoluciones.

Por su parte, la mecánica más enérgica declara una potencia de 117 CV, también a las 3.600 rpm, incrementándose en este caso el par máximo hasta los 294 Nm, que se muestra entre las 1.600 y las 2.600 vueltas.

Asociado a estas dos bancadas, el fabricante japonés acopla un grupo transmisor mecánico de cinco relaciones.

 

Compartimento de carga

Aunque más que compartimento de carga habría que catalogarlo como espacio habitable, en tanto que en esta ocasión la caja de carga se ha sustituido por dos filas de asientos con capacidad para tres pasajeros cada una de ellas. Aun así, el maletero disponible para dejar maletas o cualquier otro tipo de bultos no está del todo mal, pues sin plegar fila posterior, queda una superficie libre de 545 milímetros de largo por 1.570 mm de ancho, lo que da lugar a 1,2 m3 de volumen útil y una carga efectiva que se va más allá de los 700 litros. Se trata todas ellas de unas cifras más que dignas para tratarse de la configuración de batalla corta, a lo que hay que sumarle una capacidad de remolque de hasta 2.000 kilos.

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Saul Camero

Probador de vehículos comerciales. Redactor especialista en Transporte y vehiculo industrial.

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