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De guerras y gasógenos

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A nuestros protagonistas de hoy los conocimos en una de esas fiestas camioneras donde se junta lo más granado de la familia del transporte, y en cinco minutos ya nos estaban sorprendiendo, hablándonos de vehículos que para muchos de nosotros forman parte de la historia, o simplemente de lo ignorado.

A Pedro, Jaime y su abundante tropa de compañeros los podéis descubrir en algunas concentraciones de clásicos, siempre al volante de un animado convoy. Como su inseparable International Loadstar, uno de los emblemas de la colección de clásicos de Aguilera, así como con algunos de sus Pegaso restaurados, que suele mover Jaime, gracias a que su veteranía al volante de camiones pesados.  
Aunque en sus andanzas, para la empresa TransPérez, casi siempre fue al volante de MAN, su marca preferida, de los cuales probó desde el Tornado 150 hasta el TGA. Tampoco le hace ascos a los Pegaso restaurados: “Aquí el sincronizado te lo da el tacto en la mano, porque el cambio de bola había que entenderlo. Eso sí, ya tenemos uno en la colección más moderno, de los últimos con cambio ZF sincronizado, mucho más cómodo”, nos comenta.
Cuando empecé, pasé de un Pegaso Europa seis marchas a otro con cambio de bola. No me aclaraba. Hasta que un día, parando a comer en Medina del Campo, llegó un hombre mayor gallego en un Pegaso y le escuché reducir a la perfección. Me fui para él, le pregunté y el hombre se montó conmigo en el camión y me enseñó en un pequeño paseo que dimos. Aquello fue una maravilla, desde que aprendí a manejar bien esos cambios. Nada que ver con mi último TGA automático, que sólo tenías que frenar en los peajes para pagar. En cambio, en el primer OAF de morro y 150 CV dormías en el mismo asiento largo con una almohada. En aquel camión, ir de Madrid a San Sebastián eran doce horas de conducción y ahora son cinco y media. Ya me retiré, pero aquí nos juntamos varios y se me quita el mono del camión.”

Pegaso

Testigo del pasado

Así, a través de una charla amable que nos llevó a través de décadas y vehículos de marcas que ya no circulan sobre los asfaltos de nuestras rutas, recordamos los Diamond T, Chevrolet, Thames Trader, Nazar... Quedamos con Pedro en que cuando un viaje nos permitiera un respiro, retomaríamos este diálogo convenientemente. “Sí, venid que os enseñaremos algunos vehículos clásicos...”
Por fin llegó ese momento. Y preparados mentalmente para admirar algún que otro Pegaso, Ebro y, quizás con suerte, alguna reliquia más de cuando el transporte era, si cabe, algo más sufrido que hoy en día, llegábamos al punto donde Pedro nos había citado.
Bueno, más que una colección”, empieza a explicarnos, “es un proyecto de lo que algún día nos gustaría que fuese un museo de vehículos clásicos, basado en la colección que mi padre Bartolomé fue juntando durante toda su vida. De hecho, conservamos incluso uno de los primeros camiones que hubo en casa, un Diamond T de 1924.” Y Pedro nos lo suelta así, como lo más normal del mundo. Un camión de más de 90 años, aparcado en el garaje, y lo que es más, aparcado prácticamente en el mismo estado que cuando dejó de trabajar a inicios de los años 50 del pasado siglo, tras más de 25 años desafiando la dura N-I y su alto de Somosierra.
El Diamond era un camión para seis toneladas de peso total, legalmente, tres toneladas de peso en vacío y otras tres de carga. Aunque mi padre recuerda que en la línea de paquetería a veces se le metían hasta 8 o 10 toneladas de peso". En un soporte junto a las ruedas traseras todavía pueden verse los tacos de madera que servían para elevar el camión, dejando las ruedas gemelas exteriores libres, para así colocar fácil y rápidamente las cadenas de nieve en las zonas altas. Este camión, con el que trabajó la familia en la época más difícil de la Guerra Civil y la dura posguerra, cuando no había casi de nada, tuvo un motor originalmente de gasolina, que todavía está bajo el capó, pero se le adaptó un gasógeno tras la cabina. Así, quemando madera o carbón, se hacía una mezcla más pobre en el carburador, pero que permitía funcionar.

Pegaso

De sorpresa en sorpresa

El venerable Diamond T es un testimonio de unos tiempos muy distintos a los actuales, donde se carecía de casi todo. En aquellos tiempos, Diamond T era uno de los fabricantes estadounidenses más afamados por la tecnología de sus camiones, aunque también llegó a producir pick ups. Durante la Guerra Civil española, ambos bandos importaron bastantes unidades de este fabricante, que terminaría desapareciendo poco después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, no era este impresionante Diamond T, con su bien conservada carrocería de madera, la única sorpresa que nos guardaba Pedro.
“En el patio están lo que yo llamo proyectos de restauración, puedes darte una vuelta a ver si encuentras algo interesante...” El lugar es como un sueño para los aficionados al hierro, el óxido y los vehículos clásicos. Es como si entre la maleza no sólo crecieran malas hierbas, sino que en estas tierras alguien hubiese dado con la mezcla adecuada de gasoil, hierro y nostalgia camionera para hacer germinar venerables máquinas que en otros tiempos zumbaron sobre el asfalto.
Así, por aquí surge un veterano Unimog 4x4 de primera generación, bastante entero aunque sin motor, más allá una serie de Ebro de morro que luchan contra el óxido. En medio, atisbamos una forma parecida pero no idéntica. Se trata de un Opel Blitz, más allá un Ford Super Job con furgón para el traslado de pianos y mudanzas surge por delante de algunos Mercedes, incluido uno de los míticos camiones de medio morro con su característica delantera redondeada que marcaría una época en varios continentes.

Ebro

La película de la guerra...

“Algunos de éstos camiones participaron en películas de guerra, porque hubo un tiempo en que mi padre participaba en rodajes de cine. Por ahí estará el Cadillac transformado que se usaba como plataforma para las cámaras., En una de esas grabaciones, consiguió viejos vehículos militares para una película sobre la Guerra Civil y por ello tenemos algunas reliquias, aunque en muy mal estado, porque son vehículos auténticos de la Guerra.”
De hecho, paseando por este impresionante “escenario”, podemos descubrir un grupo de camiones Ford V8, Dodge y Chevrolet de los años 30, de los que tanto el bando nacional como el republicano importaron a la desesperada, pagando auténticas fortunas. En definitiva, caminando a través de este patio, no sólo viajamos en el tiempo, también cruzamos la delgada línea que en este caso separa el desgüace de la arqueología.

Curiosidades sobre ruedas

Pero la cosa no acaba aquí. Nos damos de bruces con una furgoneta Tempo, fabricada brevemente por Barreiros bajo licencia, que en este caso nos llama la atención tanto por su buen estado como por su rareza. Aunque pronto la dejamos de lado al descubrir un poco más allá un venerable tractor Fordson, textualmente “Hijo de Ford”, que fue el siguiente lanzamiento de la incipiente marca norteamericana tras su exitoso Ford T. Este tractor se acerca al siglo de antigüedad y está frente a nosotros en perfecto estado. No tenemos mucho tiempo de sorprendernos, pues pronto Pedro nos enseña una de las joyas de la corona. Se trata de un pequeño autobús (con los años este tipo de vehículo industrial se ha agigantado) marca Nazar con una carrocería de diseño bastante barroco e inspirado en los espectaculares coches norteamericanos de los años 50. Nos sorprende tanto su diseño recargado como sus diminutas dimensiones exteriores para tratarse de un autocar.
A través de esta colección viajamos en el tiempo y lo hacemos prácticamente encantados, lo mismo viendo un camión Ebro de la Serie E, que caminando un poco más allá y descubriendo un Ford de cabina avanzada que parece listo para repostar un bombardero norteamericano de la base de Torrejón en los años 60. 

Viaje en el tiempo
El Museo de la Paz

Bartolomé, el padre de Pedro Aguilera, fallecía recientemente superados los 90 años y casi hasta el final disfrutó en su finca con la restauración de estos camiones y automóviles. Hoy en día, admirar los camiones y automóviles mejor conservados es también hacer un justo homenaje a su fundador, miembro de una familia que a través de tres generaciones ha permanecido ligada de un modo u otro al transporte y la mecánica. Eso explica, en buena parte, que se haya podido juntar una colección tan espectacular como ésta.


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Número 107 - octubre 2016

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Joan Garriga

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