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UNA ECONOMÍA EN PRECARIO

Publicado en: Blog por F. Javier Pedroche

Una de las muchas enseñanzas que nos ha trasmitido esta anómala situación producida por la pandemia del coronavirus es algo que ya muchos presentíamos desde hace tiempo, la mala salud del tejido empresarial que tenemos en España. El COVID-19 ha puesto de manifiesto que la economía de nuestro país está basada en empresas de una enorme fragilidad, con independencia de su tamaño, incapaces de hacer frente a situaciones de emergencia como la que estamos viviendo.

Obviando aquí las grandes corporaciones financieras y esas ¿grandes? empresas que aprovechan cualquier coyuntura para pedir, y realizar, despidos baratos o reducciones salariales echándose en manos de un Estado que, en circunstancias normales, denostarían, resulta cuanto menos sorprendente ver como negocios de larga trayectoria no son capaces de soportar uno o dos meses de cierre.

En algunos casos, porque la cultura del pelotazo implantada en España en la década de los ochenta creó un buen número de empresas sin el consiguiente músculo financiero para sostener cualquier crisis. En otros, porque la propia estructura de esa actividad obliga a las empresas a trabajar con márgenes tan estrechos que les impide contar con recursos para salir adelante. En este último se sitúa el transporte de mercancías por carretera, cuyas flotas trabajan la mayoría de las veces con rentabilidades por debajo de 1,5%, para las que si un simple constipado resulta mortal, no digamos ya una pandemia a escala mundial.

Una reciente encuesta realizada por la Confederación Española de Transporte de Mercancías arroja que el 42% de las empresas de transporte se han visto obligadas a realizar algún tipo de regulación de empleo desde el comienzo de la crisis, lo que habría afectado al 18% de los trabajadores, y que 55.000 empleos están en peligro, con motivo de estado de alerta establecido por el gobierno.

A lo largo del confinamiento se ha podido observar como algunos productos de primera necesidad han incrementado sus precios por lo que la política de mercados se denomina la ley de la oferta y la demanda. También como la fuerte caída en el precio del petróleo no ha tenido la misma repercusión en el del gasoil, la sangre fundamental que hace que el transporte fluya, pero de lo que no se tiene constancia es de que las tarifas del sector se hayan incrementado como consecuencia de constituirse como actividad esencial dentro de la pandemia. Más bien todo lo contrario, ya que desde algunos sectores de los cargadores han aprovechado una vez más que el Pisuerga pasa por Valladolid para proponer otra vuelta de tuerca solicitando de nuevo la implantación de las 44 toneladas.

El COVID-19 ha vuelto a mostrarnos la precariedad con la que trabaja el transporte de mercancías y la necesidad que tiene de contar con estructuras empresariales sólidas capaces de generar, no solo riqueza, sino también los recursos necesarios para hacer frente a la importante transformación que debe hacer el sector para llegar a formar parte de la industria 4.0 en igualdad de condiciones con todos los actores.

Pedirle a las empresas transportistas hoy en día que se cuenten con flotas modernas, con camiones que consuman poco y contaminen menos, que digitalicen sus procesos y modernicen sus operativas con una rentabilidad por debajo del 1,5%  es poco menos que solicitar a nuestro querido olmo que nos suministre unas espléndidas peras.

JAVIER PEDROCHE

Director

jpedroche@edpl.es

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