enero
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POSTUREO CLIMÁTICO

Publicado en: Blog por F. Javier Pedroche
CARRETERAS

El cambio climático y la necesidad de preservar el planeta, sin entrar ahora si es real o no porque opiniones hay para todos los gustos e intereses, aunque en nuestra modesta opinión creemos que pruebas fehacientes existen, se ha convertido en un argumento que, como ocurre con muchos conceptos de nuestra vida, a fuerza de repetirlo termina por perder su verdadero significado.

Lo que es un axioma incontestable por parte de grupos ecologistas, faltaría más, resulta un buen argumento para políticos y administraciones públicas cuando establecen medidas restrictivas o, lo que es peor, recaudatorias.

La reciente celebración en Madrid de la Cumbre del Clima donde 25.000 representantes de 200 países se han reunido para debatir medidas contra el proceso de deterioro que sufre nuestra ¿amada Tierra?, ha servido más de postureo de gobiernos y empresas para mostrar una supuesta preocupación por el medio ambiente que de medidas concretas que vayan a resolver el problema. Y, como era de esperar, no se han alcanzado acuerdos concluyentes por la dificultad que ello representa.

En este sentido, la movilidad, solo terrestre porque la marítima o la aeronáutica parecen estar exentas, siempre aparece como un agente emisor de la mayoría de las emisiones contaminantes, y a las autoridades nacionales y supranacionales no les tiembla el pulso a la hora de definir medidas contra esta práctica tan nefasta, aunque difícilmente contemplan lo imprescindible que resulta el transporte de personas y mercancías en una sociedad moderna.

En la pasada edición del Salón Solutrans de Lyon todos los fabricantes, que representan la totalidad de la producción de los vehículos industriales de Europa, mostraron su preocupación por el futuro que se les viene encima. La resolución comunitaria que insta a las empresas productoras de vehículos a reducir las emisiones de CO2 un 30% en una década es la verdadera espada de Damocles que marcará el futuro del transporte en el continente.

El problema radica en que con la tecnología actual de motores de combustión, bien sea diésel o gas natural, a pesar de la drástica reducción llevada a cabo en consumos y emisiones, resulta de todo punto imposible alcanzar los niveles estipulados por la Unión Europea. La aparición de camiones propulsados por motores eléctricos sería una solución, siempre que en una década el mercado europeo absorbiera al menos un 30% de estos vehículos, un aspecto poco probable si tenemos en cuenta el desarrollo actual de las baterías que solo permiten autonomías limitadas, junto a una infraestructura de recarga aun deficiente y al sobrecoste que estos vehículos representan para los transportistas.

Una vez más, la medida ecológica viene a incidir en los costes de desarrollo por parte de los fabricantes, y en los precios que deberán afrontar los transportistas, sin que la Unión Europea adopte incentivos para retirar del mercado los vehículos más veteranos y, por lo tanto, más contaminantes. Sólo así se luchará realmente contra el exceso de emisiones en el transporte. Si el respeto por el medio ambiente representa un coste, lo lógico es que éste se reparta entre todos, no solo que lo paguen unos pocos.


JAVIER PEDROCHE

Director

jpedroche@edpl.es



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