abril
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La carretera de la discordia

Publicado en: Editoriales Revista Truck por F. Javier Pedroche

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Si no fuera por la gravedad del asunto, la situación generada por la intención del gobierno catalán de cerrar un tramo de casi 100 kilómetros de la Nacional II, al tráfico rodado de camiones rozaría lo esperpéntico. Pero aún así deja de manifiesto la falta de planificación, lo que nos gusta en este país la improvisación y lo difícil que resulta siempre alcanzar consensos entre las partes implicadas en un litigio.Si se mira el tema desde la distancia y sin apasionamientos, es fácil deducir que tanto la población de Báscara, origen del conflicto, los transportistas  y, por qué no, Abertis, la empresa concesionaria de la AP-7, ruta alternativa propuesta por la Generalitat para el desvío de los camiones de más de 12 toneladas, acuden al conflicto con suficientes argumentos para su defensa. Sin embargo, poseer argumentos no significa tener toda la razón.
Ante el silencio continuado por parte de los gobiernos central y catalán, los vecinos de la localidad gerundense de Báscara, hartos de solicitar el desdoblamiento de  la Nacional II  para evitar el paso de vehículos pesados por medio de la población, decidieron tomar por la calle de en medio y realizar cortes diarios de la carretera, con el consiguiente perjuicio para el tráfico rodado. Lo que resulta paradójico es que en un país donde presumimos de tener la mejor red de ferrocarril de alta velocidad del mundo, aún haya rutas estratégicas para el transporte internacional de mercancías por carretera que atraviesen poblaciones.

El cierre de la N-II a los camiones demuestra una vez más la falta de planificación de nuestros políticos.

La medida adoptada ahora por el Gobierno de la Generalitat, en connivencia con el Ministerio de Fomento, aquí sí se ponen de acuerdo, de cerrar la N-II entre las localidades de Maçanet de la Selva y La Jonquera, llega tarde, es insuficiente y anuncia la apertura de un conflicto de mayores consecuencias  de las que originó éste. Y esta tardanza en acometer medidas es lo que nos lleva a la situación actual. Es resumen, que a los señores políticos les ha vuelto a pillar el toro. Por no hablar de lo peligrosa que resulta esta medida, ya que podría abrir la caja de Pandora en otros puntos negros de nuestra geografía, que haberlos haylos, y muchos.
Los transportistas no están dispuestos a tomar la AP-7 como ruta alternativa, teniendo que pagar el correspondiente peaje y encareciendo así sus ya elevados costes de explotación, máxime cuando la construcción del requerido desdoblamiento va para largo ya que sólo hay hechos unos cuantos kilómetros y sin fecha de terminación por el momento. La Administración catalana dice que sólo cubrirá entre el 25 y el 50% de los costes, y la concesionaria Abertis, en su perfecto derecho, no está dispuesta a renunciar a unos elevados ingresos proporcionados por los 4.000 camiones que diariamente transitan por esa zona. O sea, que los unos por los otros la casa sin barrer. Como siempre.

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