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Guerra por la representatividad

Publicado en: Blog, Editoriales Revista Truck por F. Javier Pedroche

Aniacam y Anfac

Una guerra incruenta se ha desencadenado entre las dos principales asociaciones automovilísticas españolas, Aniacam y Anfac El reciente trasvase de Mitsubishi, Infiniti, Ssangyong y Subaru, o las anteriores de Scania y MAN, desde Anicam a Anfac, ha sido el desencadenante de todo. Y lo que era un malestar latente se materializó con el comunicado emitido por la asociación de importadores acusando a la de los fabricantes, nada más y nada menos, que de arrebatarle los socios, y de malas prácticas.

Uno, desde la bisoñez o quizás romanticismo acerca de estos temas, siempre ha pensado que una asociación fuerte que represente los intereses de todos sus afiliados podría defenderlos mejor ante los organismos oficiales, o ante agresiones externas, que asociaciones de menor entidad y con menos fuerza. Pero España es diferente, y el exceso de personalismos deriva muchas veces en una exagerada profusión de asociaciones, agrupaciones, colegios y demás grupos, la mayoría con objetivos similares.

La lucha entre asociaciones debilita la representatividad y perjudica los intereses de sus asociados

Ejemplos tenemos de sobra en el transporte, el mundo empresarial, el sindicalismo o el mismo sector del automóvil. Sin embargo, en una economía totalmente globalizada, donde las decisiones se toman a nivel mundial, y en el que las filiales nacionales apenas cuentan con margen de maniobra, o en el que rigen las mismas leyes para todos, al menos en la Unión Europea, uno no para de preguntarse si tiene sentido mantener la ancestral diferenciación entre fabricantes e importadores de automóviles. Si el hecho de contar con una fábrica le otorga a una marca un lugar de privilegio frente a las administraciones públicas, en perjuicio de aquellas que poseen centros de producción en cualquier otro país de la Unión Europea.

 

En España, el sector de automoción ha demostrado ser la verdadera locomotora de la economía. Un sector que, a pesar de las dificultades por la que atraviesa nuestro país ha sabido defender inversiones y puestos de trabajo, y que ha encontrado en la exportación uno de los pilares de esta progresión. Pero el sector del automóvil no son sólo los fabricantes, son también las importantes redes de distribución y postventa, los talleres independientes o los compra ventas, además de la industria de componentes. Y sin un mercado interior fuerte, se ponen el peligro miles de puestos de trabajo, y lo poco que nos queda de industrialización en este país.

 

Los programas de ayudas PIVE y Pima Aire han supuesto una inyección económica importante para el segmento de los vehículos comerciales, deteniendo una continua caída en las matriculaciones y esbozando su recuperación. No pasa lo mismo con los vehículos industriales pesados, que siguen siendo la cenicienta y los grandes olvidados por parte de la Administración., a pesar de que ya ha habido algunas propuestas en este sentido.

 

Por ello, España necesita, ahora más que nunca, asociaciones profesionales fuertes, sean el número que sean, pero que vayan en la misma dirección, se olviden de personalismos y luchas fratricidas y con capacidad suficiente para exigir de las autoridades el reconocimiento de la contribución que el automóvil y el camión hacen a la sociedad moderna.

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