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G-MOBILITY

Publicado en: Blog por F. Javier Pedroche

En el recientemente celebrado VI Congreso de GASNAM, ha quedado de manifiesto la relevancia que el gas natural vehicular (GNV) está adquiriendo como combustible alternativo, tanto al diésel como a la gasolina. Una mayor concienciación por las condiciones medioambientales de nuestro entorno, el precio más económico frente al de los otros carburantes y, especialmente, las más que previsibles medidas restrictivas que gobiernos y corporaciones locales adopten en un corto plazo sobre los vehículos más contaminantes, otorgan al gas natural un enorme potencial en el transporte.

Además, la aparición de motores de mayores dimensiones y potencias, más acordes con las exigencias del transporte de larga distancia, ha permitido ampliar el radio de acción de los camiones propulsados por gas natural, antes circunscritos al entorno urbano por potencia y autonomía.

Así, los datos resultan elocuentes y, mientras el mercado de camiones de más de 6 toneladas se mantenía estable, con apenas una variación del 0,8%, los propulsados por gas natural, bien en modalidad de comprimido o licuado, crecían un 15,5. Algo mayor era el incremento del uso de este combustible en furgonetas, que crecía un 31%.

Sin embargo, aún existen multitud de obstáculos que impiden al gas natural vehicular encontrar el escenario idóneo para su popularización. La escasa infraestructura de puntos de recarga, el precio más elevado en la adquisición de los vehículos o la todavía reticencia por parte de los usuarios a esta nueva tecnología han sido los términos más repetidos en el Congreso de GASNAM.

Y es que solo con la iniciativa privada, principal impulsora de esta nueva tecnología, no bastará para que el gas sea capaz de desplegar todo su potencial. Su desarrollo esta siendo, hasta el momento, gracias a los impulsos de emprendedores que han visto en el gas natural una buena posibilidad para hacer crecer sus empresas, mientras colaboran de manera decidida en la disminución de sustancias contaminantes a la atmósfera.

Transportistas, empresas de distribución, suministradores energéticos, grandes cadenas y transformadores han apostado ya por el gas natural, pero el escenario es mucho más complejo. Se necesita un Plan Estratégico que garantice la estabilidad y la seguridad para todas aquellas empresas que decidan emprender este camino. Entre cargadores y, sobre todo, entre transportistas y empresas responsables de la distribución urbana subyace la opinión de una hipotética subida de la carga fiscal sobre el gas natural una vez que su uso se extienda. En Francia se ha conseguido un acuerdo con el gobierno de Macron que asegura el precio estable del gas natural, por lo menos, en un mínimo de cinco años. Y nada apunta que en España no se pudiera hacer algo similar.

Los diferentes planes MOVALT han servido para incentivar el uso de energías alternativas en el transporte, facilitando que compradores particulares y profesionales comiencen a ver estos vehículos como alternativa posible para sus flotas, pero no deja de ser una medida parcial ante lo que tendría que ser un programa completo en todos los sentidos, incluyendo el desarrollo de infraestructuras de recarga.

Sin embargo, el gobierno español, soportado por la opinión de un grupo de expertos, opta por gravar los impuestos sobre el gasoil, desoyendo las razones de quienes prevén un deterioro en los costes de explotación en el transporte de consecuencias incalculables. Una vez más, nuestro gobierno da muestras de su cortedad de miras, buscando en la recaudación de un sector ya suficientemente gravado las soluciones para combatir la contaminación. Todos deberíamos exigir al ministro Montoro un poco más de imaginación y pensar más a largo plazo.

JAVIER PEDROCHE

Director

jpedroche@edpl.es

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