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El transporte paga

Publicado en: Editoriales Revista Truck por F. Javier Pedroche

agencia tributaria

Dentro del plan de lucha contra el fraude fiscal el gobierno acaba de excluir del sistema de cotización por módulos a diversos colectivos empresariales entre los que se encuentra ¡como no! las empresas de transporte. Este sistema permitía simplificar los trámites administrativos al no tener que llevar una contabilidad minuciosa de la actividad a cambio de pagar a Hacienda una cantidad determinada, sin tener en cuenta el nivel de ingresos y de gastos.

 

Los transportistas autónomos eran uno de esos colectivos que podían acogerse a esta modalidad, y buena parte de ellos lo hicieron como medio de satisfacer sus obligaciones fiscales. Es cierto que el sistema no estaba carente de desajustes, pues no siempre respondía a los ingresos reales y la cantidad resultante la mayoría de las veces podría beneficiar al contribuyente, sobre todo en momentos de gran actividad dentro del transporte con una economía boyante. Sin embargo, eran módulos establecidos por la propia administración tributaria.

 

Pero en tiempos difíciles como ahora Hacienda necesita arañar euros de donde sea y, a veces, los conceptos lucha contra el fraude fiscal y mayor recaudación terminan por confundirme. La baja actividad actual en el transporte y los innumerables problemas por los que atraviesan los autónomos, muchos de ellos desaparecidos, no es predecible que un cambio en la forma de cotización represente más ingresos para las arcas del estado, sólo mayor trabajo administrativo para los autónomos o mayores gastos si deben recurrir a gestores que les hagan las cuentas.

 

Es cierto que todo cuenta, que en una situación así todos debemos arrimar el hombre, pero resulta cuanto menos curioso el aumento de la presión que se está ejerciendo sobre algunos colectivos, mientras que se anuncia una amnistía fiscal para los defraudadores, o que se permita, por ejemplo, mantener unas elevadas deudas a los club de fútbol, mientras siguen gastándose sumas estratosféricas en fichajes.

 

El transporte paga, incluso más de lo que gasta, a pesar de que las autoridades se empeñen en hacerle deudor exclusivo del deterioro de las infraestructuras. Paga en la adquisición del vehículo, que no es otra cosa que su herramienta de trabajo, paga en el desempeño de su actividad, al adquirir carburante, y siempre está en el punto de mira de todos los Estados a la hora de recaudar, bien sea el “céntimo sanitario” o el “ecológico”, el de infraestructuras o vaya a usted a saber cual.

 

 

El sector del transporte no es precisamente uno de los principales focos de fraude fiscal en este país

 

Resulta difícil abstraerse al momento actual, pero el transporte necesita un respiro. Sigue siendo, no nos cansaremos de repetirlo, una actividad imprescindible para el desarrollo económico de un país, precisamente la más sensible a las fluctuaciones del mercado, pues es la primera en caer al iniciarse la crisis y la primera en sentir los impulsos de la recuperación.

 

Tampoco es pedir que se tenga con este sector determinados privilegios, para eso ya están las entidades financieras que se los llevan todos. Simplemente que desde el Ministerio de Hacienda se les ignore durante un ratito a la hora de conseguir nuevas fuentes de financiación, y si lo que quieren es encontrar defraudadores, que busquen en otro sitio que haberlos, haylos.

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