septiembre
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DEMASIADA CARGA

Publicado en: Blog por F. Javier Pedroche

Afirmar que el transporte consiste en trasladar mercancías desde el lugar donde se producen hasta donde se consumen no aporta luz adicional sobre un hecho tan evidente, aunque la realidad es obstinada y nos demuestra día a día que este axioma no es tan contundente como a simple vista parece, al menos en lo que a origen y destino se refiere.

En este mismo número abordamos dos aspectos que, sin ser actividades privativas de transporte, si les afecta de una forma directa. Nos estamos a la carga y descarga en el transporte pesado, o la distribución urbana en el caso de las furgonetas. Dos aspectos diferenciados pero que comparten la misma problemática.

Hace unos meses saltaba a la luz pública la noticia de un conductor que había estrellado su camión en la garita de entrada de un fabricante cuando iba a descargar su mercancía harto de esperar y tras una discusión con el responsable de dejarle pasar a hacer su trabajo. El hecho en sí, que no pasa de ser una mera anécdota, refleja las duras condiciones que muchos transportistas se ven obligados a soportar cuando lo único que pretenden es hacer su trabajo.

Las operaciones de carga y descarga son uno de los caballos de batalla en las peleas entre transportistas y cargadores, no sólo por los tiempos interminables de espera en condiciones, a veces, poco salubres, sino también por definir quién tiene la responsabilidad de hacerlo. Una protesta soterrada, pues a los conductores les cuesta declarar en voz alta no vaya a ser que pierdan el trabajo, una actitud más propia de miedos pretéritos que de derechos actuales.

En la distribución urbana, junto a los intereses divergentes de cargadores, transportistas y clientes, se une un cuarto actor para complicar las cosas, las corporaciones municipales. Éstas, oyendo las continuas quejas de los vecinos por los altos niveles de contaminación se aprestan a restringir el tráfico en los núcleos urbanos, sin discernir que todos están llenos de establecimientos, oficinas y talleres necesitados diariamente de mercancías.

En uno y otro caso, el transporte no tiene ningún significado sin las labores de estiba, pero al contrario ocurre lo mismo, sin transporte no hay estiba y, lo que es peor, no hay abastecimiento. Pero los tiempos en que todo valía ya pasaron a mejor vida, y en la actualidad se impone la eficiencia y la sostenibilidad.

Es loco oponerse a la mejora del medio ambiente, tanto en los núcleos urbanos como en las carreteras, pero todo cambio radical necesita períodos de transición y adaptación, y más donde el tejido empresarial lo protagonizan autónomos y pequeñas empresas, en los que la capacidad financiera no suele ser tan boyante como las grandes corporaciones, y las posibilidades de inversión limitadas.

Urge por tanto un acuerdo marco entre todos los estamentos comprometidos, tras un análisis profundo y serio de las distintas circunstancias que rodean las labores de carga, descarga y distribución urbana, sin apasionamientos. Pero un acuerdo se alcanza cuando todas las partes están dispuestas a perder parte de su situación de dominio, todas, lo demás no dejan de ser fuegos artificiales y postureo sin ningún ánimo de encontrar soluciones reales.

JAVIER PEDROCHE

Director

jpedroche@edpl.es

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