enero
15

transporte_frigofico

La investigación iniciada por la Comisión Nacional de la Competencia contra empresas y asociaciones que realizan transporte frigorífico en nuestro país es, sin duda, la peor forma de acabar el año para el sector del transporte de mercancías por carretera en general, y para el de productos perecederos en particular.

En un año, en el que han desaparecido más de 43.000 empresas de transporte, que se han dado de baja unos 94.000 vehículos, entre pesados y ligeros, y en el que las matriculaciones de camiones han bajado un 18%, lo único que le faltaba al transporte era un escándalo de estas dimensiones.

Si bien la investigación no representa por si misma culpabilidad, ni de las empresas que han sido visitadas por los inspectores de la CNC ni de las asociaciones como ASTIC y ATFRIE, el propio hecho que se investiga es de una gravedad extrema, y, en caso de certificarse que si ha habido delito, contribuiría de manera extraordinaria a deteriorar aún más la pobre e injusta imagen que el transporte por carretera tiene en nuestro país.

En un año, en el que han desaparecido
más de 43.000 empresas de transporte
ya va siendo hora de erradicar
a los tramposos de este sector.

Y todos los esfuerzos por mejorarla llevados a cabo en estos años se borrarían de un plumazo. La peculiar estructura del transporte de mercancías por carretera en nuestro país, donde conviven multitud de autónomos con flotas que en nada llegan a compararse, por volumen de negocio y actividad, a otras homónimas europeas, ha propiciado desde tiempos que uno ya no recuerda competencias, más o menos encarnizadas, más o menos legales y más o menos éticas.

Una competencia que se ha acrecentado en los últimos años ante la necesidad de sobrevivir por parte de unos, y de rentabilizarsus mayores estructuras, los otros.Pero la crisis, que pareceno tener fin, está sacando lo peor de todos nosotros y hemos llegado ya al todo vale con tal de seguir adelante.Ahora todos contra todos, flotas contra autónomos, autónomos entre sí, y empresas contra empresas.

Y en medio, el consumidor, el gran perjudicado en todo este tinglado, que una vez más se queda indefenso antes prácticas desleales. Sería, cuanto menos, curioso, en caso de confi rmarse el delito, que empresas que han exigido hasta la saciedad el libre mercado y la transparencia más exquisita en las relaciones comerciales, se vean ahora implicadas en una oscura trama de formación de un cártel para quedarse con todo el mercado.

Pero afortunadamente no todo el transporte es igual, la mayoría juega limpio, y cada cual compite con las armas que tiene, pero siempre dentro de la legalidad y en igualdad de condiciones con sus homónimos. La gente de la carretera es en su inmensa mayoría gente honrada, trabajadora y ajena a este tipo de prácticas y en nada les beneficia que haya gente que quiera montarse las reglas por su cuenta y organizar el mercado a su antojo y solo en beneficio propio.

Ya va siendo hora de erradicar a los tramposos de este sector.

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