marzo
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Posturas irreconciliables

Publicado en: Blog, Editoriales Revista Truck por F. Javier Pedroche

Foro Nacional del Transporte AECOC

La última edición del Foro Nacional del Transporte ha dejado patente una vez más la enorme distancia que existe entre las posturas de cargadores y transportistas sobre el previsible aumento de las masas y dimensiones de los vehículos, como pretende la Dirección General de Tráfico. Y aunque ambas partes muestran una tímida predisposición a debatir, parecen más composturas de cara a la galería que una intención sincera de llegar a un acuerdo. Lo cierto es que las dos posturas parecen inflexibles, fruto de una desconfianza mutua forjada a lo largo de muchas décadas.

Y en un debate donde impera la desconfianza ambas partes son incapaces de exponer abiertamente las razones que les llevan a unos a pedir la medida y a los otros a rechazarla. Cargadores y distribuidores piden más carga en los camiones en aras de una supuesta mayor competitividad y sostenibilidad, mientras que los transportistas se agarran a previsibles peligros en lo referente a seguridad vial.

Lo que parece es que ni unos ni otros dicen toda la verdad, o al menos, ocultan los verdaderos motivos de sus respectivas posturas. Los cargadores porque con el aumento de las cargas pretenden en el fondo una reducción de sus costes de transporte y, por consiguiente, una mejor puesta de sus productos en el mercado o, en su defecto, una mayor rentabilidad, que no productividad.

Asimismo, una mayor capacidad de carga en los camiones reduciría el número de estos en las carreteras y ayudaría a paliar los graves problemas de congestión del tráfico en algunas rutas.

El aumento de masas y dimensiones no debería repercutir negativamente solo en los transportistas

Sin embargo, para los transportistas las ventajas no están tan claras. En principio, si el gobierno aprueba las 60 toneladas tendrán que invertir en la adquisición de nuevos camiones, y si la medida adoptada finalmente son las 44 toneladas con las configuraciones actuales, como pretenden los cargadores, es obvio que deberán hacer frente a un mayor desgaste de los vehículos, además de un incremento en el consumo del gasoil.

Y en cuanto al aspecto social, un incremento de la capacidad de carga de la flota actual representaría el cierre de numerosas empresas, que vendrían a sumarse a las más de 30.000 desaparecidas hasta ahora, o un exceso de oferta con la consiguiente guerra brutal de precios, en un momento en el que el sector pugna por salir de una prolongada crisis.

La ecuación se nos antoja muy complicada para que ninguno de los sectores salga perjudicado, por lo que la Administración deberá hilar muy fino, ya que corre el peligro de no dejar satisfechos ni a unos ni a otros.

Y encima será una decisión que deberá tomar sola porque hoy por hoy lo que está claro es que el consenso está muy lejos de encontrarse.

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