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LA ¿UNION? EUROPEA

Publicado en: Blog por F. Javier Pedroche

LA ¿UNION? EUROPEA

Desde la firma de los Tratados de Roma en 1957, la Comunidad Europea ha ido avanzando en busca de una convivencia entre los diversos territorios que la integran, hasta constituir en 1993 la actual Unión Europea, cuyo nombre ya era sintomático de los que sus impulsores pretendían con ello. Un concepto que, desde la perspectiva que da el paso de los años y observándolo desde el prisma del transporte, posiblemente desde otros también, se ha quedado limitado a la mitad, es decir, al europeo, no así a la unión.Y es que las circunstancias que alimentaron el proyecto europeo, tras una sangrienta II Guerra Mundial, parecen haberse desvanecido en aras de prioritarios intereses nacionales. Los distintos gobiernos de los países miembros, seguramente empujados por sus respectivos ciudadanos, elaboran leyes proteccionistas que, si bien no son literalmente contrarias al espíritu del Tratado, si representan muchas veces, serias cortapisas a un desarrollo paneuropeo.

Y el transporte, por su carácter supranacional, posiblemente sea una de las actividades económicas más perjudicadas por la falta, tanto de una práctica común como de una Legislación que aglutine derechos y deberes de los ciudadanos en todos estos países. La carencia de un sistema impositivo único, por ejemplo, produce desigualdades entre empresas y trabajadores de los diferentes países, pero también los diferentes niveles salariales introducen elementos distorsionadores en la actividad económica.

La crisis mundial, con un fuerte impacto en Europa, y la caída de algunos gobiernos como consecuencia inevitable, ha hecho resurgir el miedo entre éstos, buscando la solución en normativas que pretenden salvaguardar las empresas locales frente a las “invasiones” foráneas.

Camufladas bajo aspectos de protección social y laboral, las normas que establecen un salario mínimo para poder transportar o el descanso fuera de la cabina, o equiparaciones entre uso y gasto, como los peajes especiales en algunos de nuestros países más cercanos, por no hablar de las diferentes legislaciones en materia de pesos y dimensiones, no son sino trabas al transporte de mercancías por carretera de empresas procedentes de otros Estados.

Y a España, al igual que nuestros vecinos portugueses, como países limítrofes son los que resultan más perjudicados, ya que el transporte internacional requiere inexorablemente el paso a través de Francia y Alemania para alcanzar otros mercados más lejanos.

La historia viene demostrando que la armonización total europea es poco menos que imposible, pero si se quiere seguir profundizando en la idea de Europa, al menos habrá que establecer unas mínimas reglas del juego que sirvan para todos igual. Pero combinar esto con un mínimo respeto por las diferentes peculiaridades de cada Estado miembro, será la difícil ecuación que los parlamentarios europeos tienen que resolver, y si es hoy, mejor que mañana.

JAVIER PEDROCHE

Editor y director

jpedroche@edpl.es

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